
Analógico. Recuerdo ese miedo profundo al fracaso por la falta de experiencia. Fantaseaba con el fotón del día y/o con la excusa perfecta por si el negativo me delataba. Aprendí a no hacer ruido, a pedir, a callar, a mirar, a no gastar, a enfrentarme al mundo y a mí misma, a no tener hambre, a pasar frio y calor, a no llorar, a esperar...
Luego llegó el digital. Aprendí a disparar un segundo antes, a corregir, a reinventar, a manejar programas informáticos, a trabajar el doble, a cobrar la mitad, a sacar las mismas fotos que 'cualquiera', a fusilar, a no discutir, a esperar...
Ahora llega el video... a esperar.
Danza contemporánea, Ibiza 1999.














